Caballos, perros, gatos, animales de compañía en general son especies con las que se crea un lazo fuerte, provocando la segregación de endornidas, pero, ¿por qué los animales estimulan esto?

Al observar el reino animal, el ser humano ha encontrado una inmensa enciclopedia de comportamiento: la nobleza del caballo, fidelidad del perro, la previsión de la hormiga y así un millón de actitudes

Estudios realizados a lo largo del tiempo, han demostrado que desde la infancia el sistema nervioso de un ser humano responde de manera positiva cuando un animal lo acompaña.

Por ejemplo el contemplar el movimiento hipnótico de los peces hace que disminuya nuestra presión sanguínea, convivir con un gato reduce el riesgo de problemas cardiacos y acariciar un perro estimula el sistema inmunitario. Los animales, con sus movimientos, color, forma, textura, olor, sonido y calidez, activan, en suma, nuestros cinco sentidos. Nos provocan una reacción afectiva y cognitiva capaz de desbloquear la expresión de sentimientos de angustia. O, cuando menos, de apaciguarlos.

Cabe resaltar que esto aún es un campo de estudio muy joven para la psicología clínica. Aunque su compañía se utilizó intuitivamente en sanatorios y hospitales para reconfortar a los enfermos, el valor terapéutico no se empezó a estudiar de forma sistemática hasta principios de la década de 1950, cuando el psiquiatra Boris Levinson se percató de la reacción espontánea que le provocó su mascota a un niño autista en la primera visita a su consulta.

Las relaciones interpersonales se caracterizan por las expectativas que depositamos en ellas, no exentas de decepciones y de otros sentimientos negativos complejos como la envidia o el rencor. Con los animales, por el contrario, todo parece más sencillo, predecible y consistente, a la vez que gratificante.

Mencionaba Kant que quien se muestra cruel con los animales hace lo propio con sus iguales. Científicamente dar caricias a tu mascota libera endorfinas pero va mucho más allá, es más que un “buen gesto”, habla de dar lugar a las demás especies como iguales, quitando la etiqueta de que los seres humanos están por encima de la ellos. Pasar una caricia por la crin de un caballo nos recuerda ser pacientes, hacer un mimo a tu perro llena de emoción un instante, pasar tu mano sobre el caparazón de una tortuga te da una tranquilidad difícil de conseguir en otro lado.

 

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By: Constanza Pulgar – De Turf Un Poco

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