María Soledad Paganelli nació el 26 de noviembre de 1975, era mamá de Delfina, esposa, amante de los caballos y buena piba. No la conocí mucho pero las veces que la vi siempre tenía una sonrisa estampada en la cara.

El pasado 10 de junio en la undécima carrera en el Hipódromo de Palermo sufrió un terrible accidente que la dejó gravemente herida.

Esta mañana de martes 18/06 su vida se apagó, dejando un dolor inmenso en la familia del turf, y ni hablar en la familia Paganelli.

Tras esta dolorosa noticia que nos devastó a toda la familia del turf, pude ver como tanta gente la recordaba con cariño, tanta gente la despidió con respeto. Sus sueños eran ser jocketa, vivía por y para los caballos y así será recordada por todos nosotros. María Soledad Paganelli dejó un vacío que nunca nadie podrá llenar.

Espero que la familia pueda juntar la fuerza para pasar este duro momento. y que descanses en paz querida María.

 

Constanza Pulgar

Creo que la mejor forma de despedirla es replicando el amor de sus amigos y afectos, asi que a continuación, comparto las palabras de despedida de otra de nuestras amazonas: María R. Scaldaferri

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– Q.E.P.D. María Paganelli… En un lugar donde todo es paz, armonía y tu esfuerzo realmente reconocido. Lejos de toda la maldad y envidia humanas.

Para los que no la conocieron personalmente, María fue jocketa hace unos cuantos años, tuvo familia y dejo la profesión por un tiempo. Siempre siguió galopando. Se animó a entrenar por primera vez, teniendo gran efectividad con solo un par de caballos, e hizo el esfuerzo de ponerse en estado para poder montar ella misma los ejemplares que cuidaba.

Se levantaba todos los días 4.30, los peonaba, ensillaba, galopaba y caminaba… Y a la tarde a correr. Sudo para poder lograr los triunfos que alcanzo… Y también sufrió cada carrera que le criticaron. Todavía me resuenan sus palabras «es muy fácil subirse al caballo, si gana, bien, y si no tirar la montura e irse como si nada…». Con vos no era así. Aunque perdieras o tu caballo no corriera como esperabas, dibujabas de nuevo la sonrisa para levantarte otra vez temprano todos los días, a seguir trabajando y pensando 24×7 en cómo hacer las cosas mejor.

Esa era María Paganelli. Alguien con quien si tenías un roce en carrera, o en cualquier otro tema, podías hablar civilizadamente, y tras disculpas mutuas ella te volvía a sonreír como si jamás hubiese pasado nada.

Nunca fuimos amigas, por cuestiones mías, siempre fui esquiva para esas cosas… Pero te respetaba, vos me respetabas, y yo te ADMIRABA por todo lo anteriormente dicho. Porque ponías una sonrisa, mirabas para adelante, y seguías con lo tuyo, siempre para adelante, nada te paraba. Como aquella vez que no todos conocen, cuando se te disparo un caballo entre los autos, te rompiste la cabeza, te abriste la pierna, más de 20 puntos, todo el mundo insistiendo que dejaras y vos con un «no es nada»… Y de nuevo sonriendo y contando la anécdota como si (realmente) no hubiese pasado nada… Así era María… Nada era suficiente para pararla, con el entusiasmo y la alegría intactos…

Hoy, todos lamentamos tu perdida, incluso aquellos falsos amigos que te apuñalaban por la espalda. Hoy todos se acuerdan que eras una persona, como todos… Aquellos que te criticaron alguna vez se dieron cuenta que eras otro ser humano, fuerte por elección, pero mortal como todos, eligiendo con todo tu corazón esta profesión que tanto amaste y por la que todo diste… Ahora pueden hablar y lamentarse aquellos lenguas largas, porque no estuvieron en tu lugar, porque según ellos «tuviste que haber levantado». Hoy que no estas, siguen hablando, y si estuvieras igual lo harían. Algún gil habrá esperado que levantaras para decir «no tiene fuerza» o «tiene miedo». Dejalos Mary… Sé que desde allá arriba seguís sonriéndonos a todos nosotros, los buenos y los malos, porque así sos vos… Esto no es el final de nada, es un capítulo más en otro lugar, desde el que vas a cuidar a todos tus compañeros, colegas y caballos, con ese mismo cariño que ponías en cada cosa que hacías… Y donde todo tu sacrificio tiene recompensa.

Mis condolencias a su familia… Su legado por siempre se extenderá sobre los demás como la VALENTIA, la PERSEVERANCIA y un BUEN CORAZON.

María R. Scaldaferri

 

Foto: Juan Ignacio Bozzello

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